Crónica

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El día se presentaba un poco frío pero despejado, con intenciones de hacernos disfrutar de una mañana placentera por uno de los barrancos más profundos y bonitos de la Isla.

A las 07.30 de la mañana, nos encontrábamos en la barriada de Utiaca en el municipio de la Vega de San Mateo, con ganas de coger la guagua para ir a las zonas de salida y empezar el trayecto, mientras unos se frotaban las manos por el frío, otros repartían trozos de cruasán recién hecho y alguno mostraba su discrepancia por no aparecer su nombre en el periódico.

Sobre las 08.15 horas, empezaba el primer grupo su aventura por la zona Recreativa de Ana López, pasando por su cortijo dirección a la Degollada de Becerra, donde tomaría la salida el segundo grupo, a las 08.30 horas. Cada grupo a su ritmo, adentrándose en el profundo y frondoso barranco de La Mina.

El Barranco nos recibía con el sonido del brote de agua que salida de su mismo naciente para emprender su bajada por el profundo barranco, antes de ser canalizada.

Antes, pudimos observar parte de las laderas que fueron pasto de las llamas en el pasado mes de Octubre, en el último incendio que sufrió la isla, pero alegrándonos que la vegetación ya estaba brotando y cubriendo ese manto negro que tanta tristeza transmite.

Conforme nos íbamos introduciendo en ese espesor de plantas y maleza, se descubría las pequeñas cascadas de agua pero no de altura, que daban ese sonido que transmite cierta armonía en la naturaleza que te hacen trasladar del mundo comercial al natural, sintiendo una gran humedad y disfrutando de las plantas y de los olores que de ellas se desprenden.

Durante casi todo el recorrido, se podía observar como corría el agua, llegando alguno a comprobar que el móvil no es necesario en estos casos ni sumergible, lo tendrá en cuenta para la próxima, para cuando se le seque.

Se transcurre por pasos con algo de dificultad y con barro, pero no fue impedimento para que las más pequeñas, un grupo de ocho niñas entre 8 y 11 años, lo pasaran con algún culazo que otro, al igual que nuestra amiga Josefa de 76 años que nos demostraba que los años solo marcan el paso del tiempo, no la edad de la persona.

En el Puente del Molino, se hacia la primera parada para los más pequeños, haciendo que el grupo de la ruta larga, se uniera al de la corta, continuando el descenso todos juntos.

Luego el paso por unos enormes castañeros, hizo que se agacharan más de uno a coger castañas, las cuales cubrían el suelo haciendo un gran manto.

También nos encontramos con un coche Seat 127, preparado de Rally, del cual se desconocía como pudo llegar a ese fondo de barranco y el tiempo  que llevaba allí, no había nadie en su interior para contarlo, ni carreteras próximas para deducir su aparición en ese lugar.

Luego, se empezaban a divisar las primeras casas, lo cual nos hacían ver que pronto saldríamos de ese mundo de gnomos que nos encontrábamos, llegando a unos lavaderos y una fuente donde recogía la gente agua para uso domestico.

Finalmente, terminamos en el restaurante El Paso, situado en Utiaca, para concluir la jornada con una comida y poder regresar a casa con el corazón contento del camino y la barriga llena del almuerzo.

Ahora a recibir las fotos para el concurso de fotografía…

Concurso de fotografía, aquí.

Fotos del día, aquí.

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